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Althusser y Chomsky

A portrait of Noam Chomsky that I took in Vanc...
Image via Wikipedia

Noam Chomsky dió una conferencia magistral, a la que pude asistir, en la Sala Nezahualcóyotl de la UNAM el pasado 21 de septiembre. ¿Los temas?, los de siempre: imperialismo, política exterior de Estados Unidos desde la teoría de la hegemonía y América Latina al servicio del imperio.

Lamentablemente, Chomsky también pecó de esos vicios de la argumentación furibunda de la izquierda antiamericana: falta de datos, falta de nombres, asunción de supuestos enormes y maniqueísmo.

Por supuesto, como lingüista me es intocable, mi ignorancia me impide siquiera verlo a los ojos; por otra parte, la investigación histórica en revistas especializadas, informes especiales y diarios muchas veces ha sido extenuante y su crítica a muchos de los medios de comunicación que se comportan como entes racionales maximizadores de beneficios económicos y políticos y no de distribución de la información. Tengo que confesarlo, yo crecí con Chomsky, lo leía cuando iba en el bachillerato, lo leo hoy día y aún tengo un breve resquicio de yankeesgohomesisimo durante breves espasmos.

El día de hoy escribiré sobre uno de los supuestos enormes bajo los que Chomsky construye sus reflexiones: el aparato ideológico de Estado. Si bien Chomsky no empleó el término, las tesis postuladas en Hegemony or Survival (2005), Lo que realmente quiere el Tío Sam (1997), Propaganda y Opinión Pública (2002) o 11/09/2001 (2002) permiten entrever la presencia de este supuesto creado por Althusser.

¿Qué es el aparato Ideológico de Estado?

Antes de abordar el concepto de aparato ideológico del estado, conviene partir de un elemento fundamental en el pensamiento de Althusser: la reproducción. Para Althusser, “la condición en última instancia de la producción es, pues, la reproducción de las condiciones de la producción”[1]; es decir, “existe la necesidad de reproducir las condiciones materiales de la reproducción”[2]. Sin embargo, no sólo se han de generar las condiciones de reproducción materiales; sino que la fuerza de trabajo resultante tiene que ser competente, es decir, útil en el sistema de producción.

Los aparatos ideológicos del estado son concebidos, pues, como “cierto número de realidades que se presentan al observador en forma de instituciones diferenciadas y especializadas”[3]; por ejemplo, el aparato ideológico de Estado religioso o el aparato ideológico de Estado de la información. Althusser enfatiza el papel de la educación como aparato ideológico de Estado; ya que, es dentro del marco de ésta que el sujeto aprende habilidades, como leer o escribir, o elementos de cultura científica o literatura. Estos elementos y habilidades se presentan en función de su utilidad para los distintos puestos de producción; existe una instrucción para los obreros, otra para los técnicos, otra para los cuadros superiores, etc.[4]

Para Chomsky, el aparato ideológico se encuentra presente en los medios de información, que bombardean al público con una serie de mensajes sugestivos como único medio para la coerción en un sistema democrático y libre. La opinión pública, entonces, es moldeada por los que detentan el poder, los arquitectos del estado, es decir: “las instituciones financieras y las corporaciones trasnacionales”[5].

No sólo la opinión pública, sino el sistema político mismo. Chomsky mencionó la “teoría de la inversión de la política” de Ferguson que considera que “las elecciones son la ocasión para que grupos de inversionistas se unan con el fin de controlar el Estado, en esencia comprando las elecciones”[6]. De tal forma, y sin un mecanismo causal explícito, Chomsky declaró que “para lo ocurrido en 2008 debimos haber anticipado que los intereses de las industrias financieras tendrían prioridad para el gobierno de Obama”.

Para Chomsky “las elecciones en Estados Unidos son montajes espectaculares, conducidos por la enorme industria de las relaciones públicas que floreció hace un siglo en los países más libres del mundo, Inglaterra y Estados Unidos, donde las luchas populares habían ganado la suficiente libertad para que el público ya no tan fácilmente fuera controlado por la fuerza. (…) los mismos dispositivos utilizados para derruir mercados se adaptan al objetivo de socavar la democracia, creando votantes desinformados que tomarán decisiones irracionales a partir de una limitada serie de opciones compatibles con los intereses de los dos partidos, que a lo sumo son facciones competidoras de un solo partido empresarial”.

Felsefe ve Bilimadamlarının Kendiliğinden Fels...
Image by Kemal Y. via Flickr

Yo veo un problema con esta argumentación. Se supone que el elector es un ser fácilmente moldeable, que ve el televisor todo el día y asimila cada uno de los mensajes. El supuesto resulta enorme, ¿cómo estudiar a la opinión pública de esa manera?, ¿en verdad las personas son tan crédulas?

Un estudio reciente, hecho por Mónica Aspe Bernal, Alberto Farca Amigo y Jimena Otero Zorrilla, concluyó que “la audiencia de los spots electorales creció en 93% en las elecciones de 2009 respecto a 2003. Pero la participación electoral aumentó sólo en 3%. Mientras la audiencia aumentó casi al doble, de 78 mil millones de impactos publicitarios a más de 150 mil millones de impactos, la participación sólo creció de 41.68% a 44.81% de la lista nominal de electores”.

Ello si se toma en cuenta que “durante la contienda electoral de 2009 cada mexicano mayor a 18 años estuvo expuesto, en promedio, mil 524 veces a los anuncios electorales en televisión. Los publicistas suelen retirar una campaña de publicidad cuando 85% del público objetivo ha estado expuesto a ella un promedio de seis veces. Ello sugiere que una campaña vista por 99% de la población con un promedio de más de mil 500 veces cada persona, produce hartazgo en los televidente”.

Algo lamentable es que Chomsky  describió a “los intelectuales” como “especialistas en apologética, cuya tarea es mostrar que lo que hacen los fuertes es noble y justo y lo que sufren los débiles es su culpa”, pero no dio nombres, ni referencia alguna. Supongo que “ya sabemos a quién se refiere”.

Al finalizar la conferencia y pensar en cómo toda la Sala se levantó para aplaudir, como se movían las cabezas asintiendo, al unísono, no puede evitar preguntarme: ¿hasta que punto el culto a Chomsky también es un aparato ideológico?, ¿será una necesidad inherente?, ¿existirá entonces el aparato más allá de la teoría?


[1] Louis Althusser. “Ideología y aparatos ideológicos del estado (notas de investigación)”. Escritos, traducido por A. Roises (Barcelona: Laia, 1974): 105-170 en Manuel Cruz. La Crisis del Stalinismo: el Caso Althusser (Barcelona: Península, 1977): 217-219 (En adelante: Louis Althusser, Escritos)

[2]Louis Althusser. Ideología y aparatos ideológicos de Estado: Práctica teórica y lucha ideológica. (México: Grupo Editorial Tomo, 2008), 49 (En adelante Louis Althusser. Ideología y aparatos ideológicos…)

[3] Louis Althusser. Escritos

[4] Ibid.

[5] Noam Chomsky. El momento unipolar y la era Obama. Conferencia dictada en la UNAM el 21 de septiembre de 2009. Traducción de Ramón Vera Herrera. http://chamosaurio.com/2009/09/23/el-momento-unipolar-y-la-era-obama/#more-14506

[6] Íbid.

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  1. octubre 4, 2009 a las 9:29 pm | #1

    Me mató de risa el “yankeesgohomesisimo”. Es muy cierto que las izquierdas de América Latina no han cumplido expectativas, pero es más concruente el discurso de Washington al de los otros paises. Me parece interesante el nivel del voto en comparación con el auditorio, pero esta problemática del abstencionismo es a nivel mundial: ¿mucha población? ¿Crisis de las instituciones? Es posible que ya a estas alturas en ningún punto del planeta se sea fiel a la democracia.

  2. noviembre 4, 2009 a las 12:21 am | #2

    Me gusto mucho tu reseña, en particular tu honestidad intelectual a la hora de criticar a KHOMSKY, ya que no deformastes su pensamiento para hacerlo mas facilmente objetable.

    No tengo mas remedio que ponerme del lado del profesor, pues su postura me parese muy solida. Es verdad que no dijo todo, no sostuvo todo con estadistica ni llamo por su nombre a todos, pero eso no hace falta porque nosotros podemos reconstruir lo que no esta, pues ya lo tenemos visto; supongo que el esperaria eso de un publico minimamente instruido. Es cierto que tambien se pueden tomar los supuestos para estar en desacuerdo.

    En sus libros hay menos supuestos y mas datos, yo los recomiendo porque ademas son muy amenos, aun los de linguistica.

    Su calificacion del rol del intelectual en la legitimacion de la injusticia me parese acertadisima, al menos en Argentina.

    Un gusto encontrar tu sitio, saludos.

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